martes, septiembre 25, 2007
La cantata del Diablo

Cierra los ojos, y te llevaré a donde los sueños se hacen canción.

La vida duele, mas yo te curaré.

Duérmete y sueña, te acuna mi voz...
sábado, septiembre 15, 2007
Cinco años sin tí
Han pasado 5 años. Y parece que fue ayer....

Cinco años en los que he tenido alegrias, he sufrido penas.....pero al fin y al cabo, cinco años en los que no estás ya conmigo, que te fuiste para no volver jamás.

Aún recuerdo todos los fines de semana que pasaba contigo cuando era pequeña, cuando mis padres me dejaban a tu lado para que pudiéramos disfrutar una de la otra. Donde me has reñido infinidad de veces por hacer trastadas, pero que siempre me has dado tu cariño. Todavía está en mi memoria, y lo siento a veces, que la puerta de tu casa se abre y yo salgo al pasillo a recibirte, pero, al llegar allí, no hay nadie, solamente el silencio.

Ese día en el que en casa recibimos la llamada del médico, diciéndonos que tenías cáncer. Yo no estaba en el salón, pero me enteré al mismo tiempo, puesto que desde mi habitación pude escuchar la conversación completa. ¡Cáncer! No lo podía creer, o más bien, no quería. Mas era la dura realidad. Te dieron medio año de vida, medio año más para disfrutar de tí....

El último día que estuve a tu lado, fue el último día de tu vida, donde no quería reconocer la verdad, no quería reconocer que te encontrabas ya muy mal, que no parecías la misma que cuando yo era pequeña. Recuerdo que me probé un vestido para una boda de unas semanas más tarde, y me dijiste "¡qué guapa estás!" y te quedaste dormida. No sabía que sería la última vez que te vería con vida. Me quedé en la puerta de esa habitación, diciéndote con el corazón lo mucho que te quería, y que te quiero. Espero que me hubieras escuchado.

Al día siguiente, 15 de septiembre de 2002, sobre las 16:30 apróximadamente, sonó el teléfono. Habías empeorado. Mi madre subió a verte a casa, y una hora después, todo terminó. Me contaron que todos allí lloraron por tí. Yo también lo hice, aunque de mi rostro no salieran lágrimas, mi corazón estaba completamente roto. Me reconforta saber que por lo menos no sufriste, que te fuiste dormida. Gracias por cuidar de mi todos estos años, y desde que te fuiste, seguiste cuidándome, ayudándome a salir del coche con vida el día del accidente.

Abuela, estés donde estés yo siempre te recordaré.
miércoles, septiembre 12, 2007
Reflexiones en plenas vacaciones
En una tarde soleada y muy calurosa, alejo mis pensamiento del mundo, sentada estoy en la terraza de un barr junto a la costa almeriense. Me encuentro sola, pensando en todos los fallos que he podido cometer y los que he cometido a lo largo de mi vida.

Muchas veces me he comportado como una completa idiota. Antes de pensar las cosas he actuado y luego me he arrepentido de cosas que he hecho. Siempre pago los platos rotos con la misma persona, y....no se lo merece. Mi novio siempre está ahí, tanto en los momentos buenos, como en los malos. Y muchas veces le he fallado, puesto que me he enfadado sin sentido, todo por no pensar.

Ahora tengo un rato libre en mis vacaciones para hacerlo. Él se encuentra a buscar el coche, puesto que está bastante alejado de donde yo estoy sentada. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Estará dolido conmigo por todas aquellas veces que le he fallado? El mar me relaja, hace que me olvide del resto de mis problemas, menos de él. Solamente hace unos minutos que se ha ido, pero ya le extraño con todas mis fuerzas.

Una vez más, y aunque se “enfade” conmigo, le pediré perdón, e intentaré pensarme las cosas antes de reaccionar. Espero conseguirlo.

El sol sigue moviéndose, como si espiara desde el cielo azul todo lo que hacemos aquí. Sigo con mis pensamientos, hasta que, de repente, unos brazos me rodean. ¡Mi novio ha vuelto! Ha aparcado el coche más cerca de donde ahora nos encontramos. Me doy cuenta que no tengo porque pedirle perdón, puesto que con sus gestos, sus palabras, me lo ha perdonado todo.

Es el sol que me guía en los días más nublados, y la luna que está ahí en las noches más oscuras, protegiéndome de todos mis temores. Espero estar haciéndole feliz.

Nos quedamos mirando al mar, dejando que la brisa se cuele por entre la ropa, haciendo que el calor sofocante, lo sea menos. Nos despedimos de Mojácar, y esperamos volver el año que viene. Cogemos el coche y nos alejamos poco a poco hasta nuestro destino. ¡Hasta pronto!


PD: Tenía pensado escribirlo en el blog después de las vacaciones, pero he decidido hacerlo ahora, pensándome bien todo lo que tenía que comentar.

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